No hay vacantes!

A Joker, por darme la idea

Al caer sobre muerto sobre el charco de sangre, Matías no vió ninguna luz, sino que de pronto voló sobre el cuerpo muerto y vió como los sicarios arrojaban su antigua morada a los cerdos para que lo comieran como desperdicio.

No entendía que estaba pasando ahora. Era testigo de su propia degradación corporal y esperaba no el cielo, pero si al menos el purgatorio. Fue cuando miró a su alrededor y descubrió que era un fantasma porque a su alrededor, millones de cuerpos blancos circulaban buscando su espacio en el mundo de los caminantes fantasmas.

Comprendió que el cielo no existía, pero si la etenidad y ahora no sabia que hacer con su tiempo -y vaya si tendría bastante para pensar que hacer-. Supo por instinto que aquellos espíritus simplemente mirarían el tiempo pasar hasta que el fin del mismo llegara.

Descubrió en un hotel de mala muerte al que en vida fue Jesucristo, recorriendo las habitaciones para cumplir con su deseo prohibido en vida: ser vouyerista, deleitándose con el sexo de la puta en turno con el albañil; el trío del funcionario con dos adolescentes; la gorda rica e insatisfecha, deleitándose con el consolador con la lesbiana del restaurante de enfrente.

Al ver tal escena, optó por regresar al lugar de su martirio. No fue un deseo malsano, sino le urgía conocer quien era con quien lo confundieron y poder ayudarlo para mitigar sus dolor. Al entrar a la casa de seguridad, vio a su esposa embarazada y sus dos hijos, sentados y atados de manos.

La desesperación llego a Matías e intentó atacar a los captores y salvarles la vida. Inútil, es espíritu.

“Estos pendejos hijos de su puta madre nos vieron… Pusieron la denuncia y ahora se van a chingar a su madre” Gritaban los sicarios al mismo tiempo que le abrían el vientre a la mujer y le sacaban el producto de siete meses de gestación. Apenas se movia cuando lo sacaron mientras su madre moría de la impresión y desangramiento. El bebe fue arrojado a los perros que los despedazaron en dos por tres.

Los niños gritaban desesperados y los hombres fueron piadosos con ellos: los mataron partiéndoles el craneo con un maso. El dolor de Matías fue inmenso. Si tuviera cuerpo, el llanto se apoderaría de su espíritu.

Al morir el último, Matías vió como los espíritus de sus seres queridos se elevaban y se dirigían hacía el. Se abrazaron y, a pesar de la escena dantesca, rieron porque por fín estaban juntos y ningún dolor o secuestro los separaría.

“¿A donde vamos, papá?”  Preguntó uno de sus hijos. “Siempre quise conocer el mar. Vamos para allá”, respondió Matías.

Juntos al fín. Hasta que el fin del mundo disponga otra cosa.

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4 comentarios to "Matías"

gulp! tu relato me sigue poniendo el cuero de gallina. y eso que te quedas corto en cuanto a la bestialidad exhibida por los sicarios de tu relato contra los de la muerte real. pero la parte final me consuela un poco porque entre los muertos finalmente la familia se reune nuevmanete ya sin ningun dolor. que historia tan cruda y tan cotidiana.

Es el mejor ejemplo de como tomar una idea buena y hacerla mala. Tiburs, no tienes perdón de dios.

sin palabras…

Apoyo a Joker… y exponencial.

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  • Ninguna
  • Yamir De Jesús: Si fuera veras y bien documentado dicho libro y no mitos que muchos mexicanos se tragan te apoyaria
  • exram: Y es que desvian la critica al sistema que con tal de la ganancia no le preocupa el medio ambiente, al ser humano que no le preocupa el medio ambiente
  • eoz: Ya siento que te quiero!!
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