No hay vacantes!

Otoño

Posted on: octubre 6, 2008

Un minuto antes de morir, José recordó partes de su infancia; cuando jugó con su primera pelota autografíada por su ídolo, Miguel Marín, era el ídolo de todos sus amigos no por el autógrafo, sino porque en la barriada tan miserable donde el vivía, nadie tenía balón de futból. Recordó su primer amor, que la descubrió a su lado cuando se cambió de escuela por asuntos de la familia, aquellos ojos azules como el cielo que siempre soñó zurcar. Cuando aquel primer amor lo perdió en aquella riña donde una bala perdida atravesó su corazón y ese día juró nunca más ser feliz. Cuando conoció al Zurdo, que lo inició en los avatares del negocio y le advirtió: “nadie entra a fuerzas, lo haces por tu propia voluntad”.

El cemento comenzó a cubrir sus píes dentro de la fosa de un metro de diámetro y recordó las grandes juergas que se daba con su amigo el Zurdo; la primera vez que mató a un tipo por una deuda que tenía con el negocio y como el miedo se convirtió en adrenalina; la segunda vez que mató, fue al Zurdo porque era el requisito que exigia el negocio para escalar peldaños ahí.

Al llegar a las rodillas, recordó como conoció a la madre de su única hija en el bar de la carretera, donde ella trabajaba de mesera y en sus ratos libres, vendiendo sexo con los camioneros que pasaban por ahí. La contrató para que le sirviera una semana y se convirtieron en tres años.

El cemento llegó al pecho y se acordó de los ojos de su nena cuando nació: grandes como los de la abuela y vivaces como los de su abuelo. Ese día juró que no permitiría que sufriera y por eso se las llevó a vivir a Estados Unidos para que no les llegara las redes del negocio, al fin y a al cabo sabía que pronto iba a llegar su turno y era mejor que no les pasara nada a ellas. Es más, ni siquiera la registró con sus apellidos para evitar que la rastrearan. Nunca la llamó por su nombre y siempre se refería como su Princesita.

Al llegar al cuello, un dolor insoportable se apoderó de su cabeza y lo único que podía pensar es en pedir perdón a todos aquellos que sufrieron o dejaron de existir por su culpa.

La última imágen que vio antes que el cemento cubriera sus ojos, fue la del sobrino del Zurdo riéndose y exclamando la frase “Ya sabemos donde está tu Princesita”.

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1 Response to "Otoño"

Trinche varilio, cómo te gusta quitarme el apetito…….

Finalmente, el relato nos deja una enseñanza: el odio y la venganza, finalmente no resuelven nada.

Muy buena mi estimado.

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  • Ninguna
  • Yamir De Jesús: Si fuera veras y bien documentado dicho libro y no mitos que muchos mexicanos se tragan te apoyaria
  • exram: Y es que desvian la critica al sistema que con tal de la ganancia no le preocupa el medio ambiente, al ser humano que no le preocupa el medio ambiente
  • eoz: Ya siento que te quiero!!
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