No hay vacantes!

De las bonanzas de FeCal

Posted on: enero 14, 2009

Mi cofrade de tantas aventuras y desventuras en la vida estaba de un humor de los mil diablos todos juntitos y apretados.
-Estoy que me lleva
-¿Porqué tanto jaleo?
-Mi hijo, el menor, y mi nuera me dejaron a sus guerrosos escuincles y ya no tengo descanso, ni paz ni tranquilidad.
Nos conocemos desde que éramos chamacos que jugábamos a perseguir los grandes convoyes del Ferrocarril a Cuernavaca, hace ya tanto tiempo en parajes como San Jerónimo Lídice o Contreras o San Nicolás Totolapan, tiempos añejos cuando los pedregales eran pedregales y Contreras todavía era tierra de cultivo. La charla que en esos momentos sosteníamos era interrumpida por el ruido de otro objeto que caía hecho trizas desde su lugar original hasta el suelo; instantes después, dos pequeños bribones pasaban raudos junto a nosotros para perderse en otra de las habitaciones de la antaño tranquila y pacífica propiedad de mi Anfitrión. Éste, a pesar de ser más joven que yo, aparentaba una edad más longeva, como si el paso del Tiempo se hubiera ensañado particularmente en el cuerpo cansado de mi amigo.
-Esos guerrosos escuincles son tus nietos.
-¡Ni me lo recuerdes! Que yo ya cumplí mi cuota de sacrificio como para que ahora tenga que cargar con ellos también.
-No te entiendo.
-¡Hazte que la Virgen te habla! Esos dos granujas son unos malcriados consumados. Se la pasan corriendo de un lado para otro destrozando todo lo que está a su alcance.
No bien ha concluido esta frase cuando otro crasshh se escucha de nuevo.
-¿Ves lo que te digo? ¡CHAMACOS MALCRIADOS! ¡Estense sosiegos o ya verán!

No es que mi anciano amigo sea un adulto mayor amargado y rencoroso con la vida y sus semejantes. No, simplemente que el bullicio de los jóvenes lo ha desquiciado. Su rutina de tranquilidad y vida pacífica se fue al garete cuando su nuera y su hijo menor tuvieron que pedir el apoyo de los abuelos para cuidar a los niños. La crisis económica globalmente abarcadora había dado de lleno en las finanzas de la joven pareja y ahora la madre de las criaturas se había visto en la necesidad de buscar un empleo para complementar el gasto familiar. El hijo, por su parte, tras ser cesado por la institución bancaria en donde laboraba, tuvo que refugiarse en el mercado informal y ahora tenía que atender un puesto de carnitas que tanto él como uno de sus ex compañeros de trabajo habían puesto y con el que más o menos la iban pasando.
-Mira en lo que acabas por estudiar tanto. Se quejaba amargamente mi amigo; su hijo siempre fue de los mejores alumnos, al grado que su titulación tuvo el plus del graduado con honores por parte de la Universidad privada que le extendió su título profesional. De qué servía tanto conocimiento si no era capaz de encontrar un nuevo empleo, se quejaba el padre.

Esta es una historia más que colecciono y comparto. Es la historia actual de uno de mis amigos y su familia; en donde todos tienen que trabajar más para ganar lo mismo. En donde la madre tiene que separarse de sus hijos para poder tener un ingreso extra. En donde los abuelos tienen que hacerla de padres para sus nietos y no tanto por el gusto de disfrutar las vivencias que la nueva generación puede prodigar a los ancianos sino porque no queda de otra y todo para que nuestro presidente legal siga insistiendo en que no pasa nada y que vamos a todo dar.

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