No hay vacantes!

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Día Uno.

Tengo que dejar de fumar, me dije a mi mismo el día de ayer, asi que en lo que va de este día no he probado la nicotina, la dependencia fisica es tan seria como la sicologica, mas de lo que yo mismo esperaba, mi organismo me exige nicotina, mis estados emocionales me piden nicotina, mi nicotina me pide mas nicotina, Dios esto es muy serio.

La parte dificil es que encender un cigarro se convierte en un instinto reflejo, puedo hacerlo incluso en un callejon oscuro, con los ojos vendados y atado de pies y manos, pero mas dificil aun es la parte afectiva, prendes un cigarro para ir al baño, despues de comer, despues del sexo, cuando estas tenso, cuando estas presionado, cuando estas feliz, maldito vicio lo tenia relacionado hasta para conversar con los amigos echandonos unas chelas.

Me he preparado a conciencia para esta dura batalla, pero hay ciertos espacios, particularmente aquellos en los que parecia hasta ritual encender un cigarro donde flaqueo, mis demonios me dominan, mi subconciente me traiciona, me dice palabras dulces para que caiga seducido en la tentación, ches traidores y se decian mis amigos les reprimo y en vez de sentirse miserables me ponen un sin fin de pretexto, melosos y cobardes esperando que me rinda y los complazca.

Día uno, extremadamente dificil las primeras horas, y me dicen que los días que siguen estaran peor.

Fin de la transmisión.

Jorge contaba con once años y contaba con la experiencia sufiente para diferenciar entre lo bueno y lo malo. Para el lo bueno es la sonrisa y lo malo la tristeza.

La primera sonrisa fue la de su madre, a sus siete años, cuando le pidió que la esperara en un paradero y nunca regresó por el. Esa noche, seguía esperando que su progenitora fuera a recogerlo cuando cuatro individuos lo subieron violentamente a un carro y ahí, lo obligaron a chuparle sus penes hasta la eyaculación.  De ahí miró sus sonrisas y unas lágrimas salieron de sus ojos. Estaba triste.

La segunda sonrisa que recuerda fue cuando conoció a un gordo lleno de acné en su rostro y le llamaban “El Gordo Marchelo”. Lo invitó a pasar a la habitación en que lo esperaba un hombre delgado, rubio, de edad madura y que hablaba idioma desconocido para el. Le invitó un trago de brandy y al darse cuenta, se encontraba boca abajo con el dedo del rubio hombre en su ano, untándole una pomada gracienta y penetrándolo a pesar que le suplicaba que parara porque no soportaba el dolor.

La tercera sonrisa era la suya: no era más feliz porque, con un cuchillo, castró al Gordo Marchelo y de paso, mató a dos nuevos niños que llegaron con el para que no sufriera lo que el pasó.

De todos modos, las lágrimas eran para la tristeza; el ya contaba con su momento de sonrisa.

Nadie sabe que enamorado estoy.

Nadie sabe que ilumino el cielo con nubes de tus cabellos plateados y estrellas de tu risa pletórica.

Nadie sabe lo mucho que escribo para darte la frase perfecta, esculpida en raciones de cursilería y metáforas endulsadas de tu cariño.

Nadie sabe que rezo el credo que me enseñaste.

Nadie sabe que mutilo mis ansias para no estar contigo todo los minutos del resto de mi vida.

Nadie sabe como busco en mis traumas un motivo para sufrir y no lo encuentro porque me das banquetes de cariño y calor.

Nadie sabe el largo camino que da la felicidad y cuan corto es el atajo al desamor.

Nadie sabe cómo disimulo mis ganas de gritarle a los años que vienen mi propósito de no dejarte ir.

Nadie sabe lo mucho que mi importas y a veces, lo poco que te interesa mis deslices.

Nadie sabe lo inocente que soy al cree que el amor es para siempre.

Nadie sabe que lo escribo pensando que jamás lo leerás, es lo mejor que se me ocurre para explicarte que solo pienso en ti.

Cada que invito a alguien al blog, me preguntan el porque  es el blog del empleo si no hay vacantes, bueno yo pregunto por que si este es el  presidente del empleo (no mi presidente) no hay vacantes y nadie le pregunta nada a el. 

Les comparto la primer plana del periodico la reforma del dia martes  y le pregunto al señor  Calderon ¿que paso con el presidente del empleo?

 

boom de empleo

boom de empleo

“Buda creía tanto en Dios que no se atrevía ni a nombrarlo, porque cualquier nombre de Dios es inexacto, cualquier adjetivo es una profanación, cualquier afirmación sobre Dios es un error. Ante Dios sólo nos vale el silencio y la aceptación.

Decir de Dios que se vengará, que castigará, que nos probará lo podría decir una persona ingenua, infantil. A un niño, mientras sea niño, se le admite todo. Pero un cristiano adulto, con fe de mayor, no puede seguir repitiendo las barbaridades medievales de niño.

Dios no puede castigar, ni puede condenar, ni puede ni necesita probar a nadie. Eso es medir a Dios cogiendo como cinta métrica nuestra mala leche, nuestra mente y corazón miserable.

Peor incluso sería utilizar el castigo de Dios para dominar y gobernar el mundo.

Entre tanto, lo que me produce miedo es que en Roma haya un Papa Catolico en el siglo XXI que hable del castigo de Dios”.

Sentado en media loto porque una lesión en la rodilla causa de mi adicción al futbol me impedia hacer el loto completo, frente a la sonriente y apacible figura del Budha meditaba mirando su sereno semblante que me miraba sin mirar, que cosas hay mas alla de uno, la inmutable figura jamas hablo conmigo, mas sin embargo fluia entre nosotros un vinculo de especial comunicación, cada pregunta mia tenia a su vez una respuesta que siempre llegaba.

Los inciensos que habia comprado a una anciana a la entrada del templo se consumieron por completo, la calida tarde con su encanto se tornaba ocre y una brisa nocturna acaricia el entorno, me despedi del silencioso Budha poniendo mi palma contra la suya, “hasta siempre”, su sonriente rostro se despidio tambien de mi, entonces asi eran las cosas, con que claridad lo veia ahora, comprendi que mas alla de todo dogma el vinculo existente entre los hombres y lo metafisico se encuentra presente en todo acto realizado, es la pureza de las decisiones lo que describe el color de ese hilo.

Al salir me volvi a encontrar con la anciana que tambien estaba por retirarse del lugar, no hablaba mi idioma y yo menos el suyo, pero su sonrisa, su animo y su tranquilidad me mostraban mas cosas que todas las palabras del mundo, pense eso una y mil veces, el silencio es aleccionador, el silencio muestra, el silencio reconforta, siempre y cuando ese silencio sea premeditado y tenga un proposito.

El silencio y la aceptación te lleva aun escenario posible de paz y armonía, sin eso, la paz no se consigue si no estas dispuesto a derramar sangre por ella, esa otra lección me la mostro Don Mefis, en otra epoca y en otro contexto, pero me reconfortaba saber que conocia ambas opciones.

El hedonismo es un privilegio de unos cuantos; sólo los elegidos disfrutaran de sus mieles y degustaran el sabor de su manjar. Así pueden explicarse las fantasías del El Puente Feliz.

Pasadera ubicada en la ciudad de Querétaro, de ocho metros de altura y 200 metros de largo, con sus barandales oxidados y en su exterior, cubierto de publicidad metálica en ambos lados, es leyenda urbana en cuanto al encuentro ocasional, o no tanto, del sexo en todas sus formas, colores y sabores.

Huelga decir que se evita la ubicación de la construcción para que las almas castas no intenten violar el santuario.

Su leyenda comenzó hace cinco años como referencia a los encuentros furtivos entre homosexuales, sin embargo, ahora dicho puente es conocido por ser el centro más importante para todos aquellos que buscan emociones fuertes, sean de la preferencia sexual que sea.

Dicho lugar no parece nada del otro mundo durante el día, pero al caer la noche, todo tipo de personajes buscan no solo sexo, sino convivencia para no sentirse enfermos o rechazados. Querétaro se caracteriza por su gran cantidad de gays de closet y prefieren el anonimato que da la oscuridad a la luz de sus propias virtudes y defectos.

En los dos lados del puente pululan como sombras hombres y mujeres que buscan acceder al puente; cada uno con sus motivos. No es fácil identificarlos: las prostitutas llevan un cuaderno en su mano derecha; los prostitutos visten de negro, aparentando ser darketos; los que esperan a sus parejas se sientan en las bancas o en los asientos de sus automóviles; los que esperan subir solos a la hora pico aparentan mandar mensajes por celular.

Al llegar la oscuridad, se presentan cuatro hombres –Mike, Sebas, Agus, Corona- que se encargan de vigilar la entrada y salida de las escaleras. Cobran una cuota de 50 pesos a las parejas. Dos de ellos se quedan abajo y el resto está en el puente para evitar cualquier desmán que pudieran ocurrir.

Sólo Corona se presta a platicar, explica que tienen tres años en el bisnes y que todos ellos son elementos policíacos en el día, “En la noche nos alivianamos, aunque es una chinga controlar a estos cabrones”.

Dice que no le importa las preferencias de los usuarios, siempre y cuando no hagan desmadre y paguen su cuota, “Me vale madre. Pero la verdad a veces no entiendo como hay cabrones que buscan a jotos cuando están bien casados. A unos los he visto en el periódico, pero prefiero no ver ni oir.”

Corona es el tesorero del grupo y el más accesible. Lleva 10 años en servicio y presume de ser bien macho. En cuanto a lo que pasa allá arriba, explica que hay dos para controlar a la gente, porque “hay mucho pinche loco que no tienen llenadero o se meten en terrenos de otros cabrones”.

Manifiesta que si bien la constante son parejas homosexuales, también las hay heterosexuales. No ponen peros a nadie, pero si descubren a menores de edad “nos los chingamos a punta de madrazos, porque una cosa es el palo con adultos, pero meter a niños, no se vale”.

Arriba, es simple la mecánica: si vienes con tu pareja, nadie se mete contigo y puedes hacer lo que quieras sin que nadie te moleste; se han dado casos de sexo entre tres o entre cinco que, igualmente, no son molestados. Allá arriba están los faroles, que son aquellos que esperan que alguien quiera sexo con ellos sin más compromiso que eso y casi todos ellos son homosexuales pasivos.

El policía diurno explica las nomenclaturas para cada uno de ellos: lilos para los homosexuales; unos para los hetero; bi para los bisexuales y faroles para los que esperan allá arriba.

Preguntando sobre las huellas que quedan arriba, explica que se encuentra de todo, “condones usados, cotex, semen por todos lados; pero lo que más encontramos son manchas de sangre, ahí si está cabrón porque me cuenta mi compañero que se dan con todo por atrás y terminan bien sangrados del culo los ojetes, pero si les gusta, es su pedo”. Antes del amanecer viene el servicio de limpia y “por una corta lana” limpian con una manguera las huellas de la batalla y como si nada pasara.

Entre las anécdotas que recuerda Corona, se encuentra cuando un hombre con aspecto campesino subió con dos gallinas enjauladas. “Me acuerdo que le pregunté si iba a subir a buscar acción o nomás para pasarse al otro lado y me dijo que nada más quería pasar al otro lado. Le advertí que no se espantara de lo que iba a ver y que no dijera nada, pues más le valía. Me dijo que no había problema y como lo ví rancherón, ni le cobré la subida. Ya casi cuando nos íbamos, mi compañero me habló para que subiera y me encontré a las dos pobres gallinas muertas porque el cabrón se las había cojido y las mató. Lo que más me dolió fue que me vio la cara de pendejo para no cobrarle”.

Los días más concurridos son los fines de semana, entre las once de la noche y tres de la mañana, pero nunca falta la clientela fija que es la que más deja: los faroles que siempre buscan sexo con desconocidos y nada más.

El Puente Feliz ahí está en una ciudad que presume ser moderna, pero a la vez, la mojigatería permea entre la sociedad queretana.

Ahí están los hedonistas, cada noche viendo a las estrellas en El Puente Feliz