No hay vacantes!

Puente Feliz

Posted on: febrero 3, 2009

El hedonismo es un privilegio de unos cuantos; sólo los elegidos disfrutaran de sus mieles y degustaran el sabor de su manjar. Así pueden explicarse las fantasías del El Puente Feliz.

Pasadera ubicada en la ciudad de Querétaro, de ocho metros de altura y 200 metros de largo, con sus barandales oxidados y en su exterior, cubierto de publicidad metálica en ambos lados, es leyenda urbana en cuanto al encuentro ocasional, o no tanto, del sexo en todas sus formas, colores y sabores.

Huelga decir que se evita la ubicación de la construcción para que las almas castas no intenten violar el santuario.

Su leyenda comenzó hace cinco años como referencia a los encuentros furtivos entre homosexuales, sin embargo, ahora dicho puente es conocido por ser el centro más importante para todos aquellos que buscan emociones fuertes, sean de la preferencia sexual que sea.

Dicho lugar no parece nada del otro mundo durante el día, pero al caer la noche, todo tipo de personajes buscan no solo sexo, sino convivencia para no sentirse enfermos o rechazados. Querétaro se caracteriza por su gran cantidad de gays de closet y prefieren el anonimato que da la oscuridad a la luz de sus propias virtudes y defectos.

En los dos lados del puente pululan como sombras hombres y mujeres que buscan acceder al puente; cada uno con sus motivos. No es fácil identificarlos: las prostitutas llevan un cuaderno en su mano derecha; los prostitutos visten de negro, aparentando ser darketos; los que esperan a sus parejas se sientan en las bancas o en los asientos de sus automóviles; los que esperan subir solos a la hora pico aparentan mandar mensajes por celular.

Al llegar la oscuridad, se presentan cuatro hombres –Mike, Sebas, Agus, Corona- que se encargan de vigilar la entrada y salida de las escaleras. Cobran una cuota de 50 pesos a las parejas. Dos de ellos se quedan abajo y el resto está en el puente para evitar cualquier desmán que pudieran ocurrir.

Sólo Corona se presta a platicar, explica que tienen tres años en el bisnes y que todos ellos son elementos policíacos en el día, “En la noche nos alivianamos, aunque es una chinga controlar a estos cabrones”.

Dice que no le importa las preferencias de los usuarios, siempre y cuando no hagan desmadre y paguen su cuota, “Me vale madre. Pero la verdad a veces no entiendo como hay cabrones que buscan a jotos cuando están bien casados. A unos los he visto en el periódico, pero prefiero no ver ni oir.”

Corona es el tesorero del grupo y el más accesible. Lleva 10 años en servicio y presume de ser bien macho. En cuanto a lo que pasa allá arriba, explica que hay dos para controlar a la gente, porque “hay mucho pinche loco que no tienen llenadero o se meten en terrenos de otros cabrones”.

Manifiesta que si bien la constante son parejas homosexuales, también las hay heterosexuales. No ponen peros a nadie, pero si descubren a menores de edad “nos los chingamos a punta de madrazos, porque una cosa es el palo con adultos, pero meter a niños, no se vale”.

Arriba, es simple la mecánica: si vienes con tu pareja, nadie se mete contigo y puedes hacer lo que quieras sin que nadie te moleste; se han dado casos de sexo entre tres o entre cinco que, igualmente, no son molestados. Allá arriba están los faroles, que son aquellos que esperan que alguien quiera sexo con ellos sin más compromiso que eso y casi todos ellos son homosexuales pasivos.

El policía diurno explica las nomenclaturas para cada uno de ellos: lilos para los homosexuales; unos para los hetero; bi para los bisexuales y faroles para los que esperan allá arriba.

Preguntando sobre las huellas que quedan arriba, explica que se encuentra de todo, “condones usados, cotex, semen por todos lados; pero lo que más encontramos son manchas de sangre, ahí si está cabrón porque me cuenta mi compañero que se dan con todo por atrás y terminan bien sangrados del culo los ojetes, pero si les gusta, es su pedo”. Antes del amanecer viene el servicio de limpia y “por una corta lana” limpian con una manguera las huellas de la batalla y como si nada pasara.

Entre las anécdotas que recuerda Corona, se encuentra cuando un hombre con aspecto campesino subió con dos gallinas enjauladas. “Me acuerdo que le pregunté si iba a subir a buscar acción o nomás para pasarse al otro lado y me dijo que nada más quería pasar al otro lado. Le advertí que no se espantara de lo que iba a ver y que no dijera nada, pues más le valía. Me dijo que no había problema y como lo ví rancherón, ni le cobré la subida. Ya casi cuando nos íbamos, mi compañero me habló para que subiera y me encontré a las dos pobres gallinas muertas porque el cabrón se las había cojido y las mató. Lo que más me dolió fue que me vio la cara de pendejo para no cobrarle”.

Los días más concurridos son los fines de semana, entre las once de la noche y tres de la mañana, pero nunca falta la clientela fija que es la que más deja: los faroles que siempre buscan sexo con desconocidos y nada más.

El Puente Feliz ahí está en una ciudad que presume ser moderna, pero a la vez, la mojigatería permea entre la sociedad queretana.

Ahí están los hedonistas, cada noche viendo a las estrellas en El Puente Feliz

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  • Ninguna
  • Yamir De Jesús: Si fuera veras y bien documentado dicho libro y no mitos que muchos mexicanos se tragan te apoyaria
  • exram: Y es que desvian la critica al sistema que con tal de la ganancia no le preocupa el medio ambiente, al ser humano que no le preocupa el medio ambiente
  • eoz: Ya siento que te quiero!!
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