No hay vacantes!

Para constancia.

Posted on: julio 6, 2009

Voto

Una vez más, desde que puedo hacerlo, he hecho efectivo mi derecho a votar; como muestra de que no miento, la imagen precedente. Porque yo sí creo que la forma de destituir y cambiar gobiernos que no nos gustan o que son ineficientes es por medio del voto. Dentro de las instituciones, con las herramientas propias y los mecanismos pertinentes que todos como sociedad hemos acordado para dirimir nuestras diferencias y opiniones, pues no es ni con revoluciones ni con fascismos disfrazados de popular desobediencia como hemos de salir adelante.

¿Por qué voté? Varias son las razones.

Primera. El voto es el arma más poderosa que tenemos los ciudadanos para calificar a nuestros gobernantes. Si se usa con sabiduría puede cambiar el rumbo de un país.

Segunda. El sufragio es una de las conquistas sociales más preciadas que podemos tener, tanto como la ciudadanía, la bandera o el propio himno. El voto es la prueba máxima de que en verdad eres un ciudadano del mundo, ése universo de gente que se dice demócrata, esto es, que como poder popular puede determinar su propio destino sin destruirse a sí mismos en el proceso.

Tercera. Porque como conquista que es, fue necesario que muchos de nuestros ciudadanos y no ciudadanos sufrieran de persecuciones, detenciones, golpizas, maltratos, torturas y hasta muerte para que hoy podamos, en la intimidad de un recinto cerrado, decidir si tachamos tal o cual partido, si los tachamos todos, si no tachamos nada o si de plano nos vale gorro y no nos presentamos a la casilla. Ese es el gran poder ciudadano que muchos de aquellos luchadores sociales de entonces buscaban hacer efectivo. Ya casi no recordamos al partido de estado o al partido aplanadora o al régimen de gobierno de un solo candidato ¿Verdad, caro lector, que ya se te olvidó la revolución institucional?

¿Por quién voté?

¡Oh no! Hipotético lector. No te diré en este espacio por quién lo hice. Ése forma parte, también de mi derecho; es un secreto que, ni al confesor de sotana o al goriloide vestido de boina y botas, revelaré. Baste decir, que ahora tengo, una vez más, todos los elementos cívicos para exigir cuentas, demandar transparencia y obligar a mis gobernantes a hacer bien las cosas o de lo contrario, simplemente puedo votar por alguien más, de otro partido u otra corriente pues ese es el verdadero poder del voto. Uno es insignificante, muchos son la diferencia.

Por último, me he referido a aquellos mártires de la democracia, muchos de los cuales no tienen nombre ni apellido pero que conocí y que fueron compañeros míos de aventuras y desventuras, de prisión y encierro. Por respeto a todos ellos es que tengo la obligación moral de ejercer ese derecho que muchos ya no porque están desaparecidos o muertos y vaya si sabré yo de ésas cosas. En su memoria demuestro públicamente que sí voté.

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